Un Ritual Sagrado
Era una de esas tardes de domingo, el último de cada mes, cuando el sol comenzaba a declinar y la ciudad adoptaba una quietud doméstica. Para Raúl y Mariano, ambos cincuentones y padres de hijos ya independientes, ese momento marcaba el inicio de su ritual sagrado. No había palabras superfluas al encontrarse. Una sonrisa cómplice, un abrazo breve pero firme, y el ascenso hacia el cuarto de baño principal, el único con una bañera antigua y espaciosa. El silencio solo era roto por el familiar crujido de la puerta de madera al cerrarse. Era un silencio respetuoso, el preludio de un acto que trascendía lo físico para anclarse en lo emocional. Se desvistieron sin prisa, colgando sus ropas—una chomba, unos jeans sencillos—en los ganchos de la puerta. No había lugar para la vergüenza ni la comparación entre sus cuerpos cincuentones, marcados por la vida pero aún fuertes. Era la confianza forjada en treinta años de amistad, desde la universid...




