La revolución no la hace uno solo.
Era verano estábamos tomando unos
tragos y tratando de convencer dos minas que vengan a ayudarnos a relajar un
poco, como el costo de ese relax era muy
elevado dijimos basta! Que se vayan a la mierda y nos pusimos a ver tele,
haciendo zaping vimos dos chicas que se estaban dando mucho placer cosa que nos
motivó bastante, la incomodidad de estar al palo y no poder tocarse tranquilo
crecía hasta que dejamos de hacernos los boludos y decidimos pajearnos.
Tímidamente
fuimos metiéndonos la mano en la bragueta como con vergüenza, una paja casi
contenida, la porno estaba tan buena y nosotros teníamos las manos llenas de
miel estábamos ensuciando el bóxer y la remera, decidimos ponerle fin a todas
las limitaciones, como hacía mucho calor y ya que la hacíamos la íbamos a hacer
bien nos fuimos a bañar y quedarnos en
pija, como debe ser, que hermosura poder estar en pelotas al palo y no tener vergüenza
de ser visto, después de todo los dos estábamos en la misma.
Luego del baño la erección bajo
un poco, aunque la manteníamos acariciándonos de a ratos la verga, para que
quede morcillona, al instalarnos tranquilos frente al televisor volvimos a
erectarnos, podíamos lucir la verga bien erecta y gomosa, la miel brotaba de a
ratos en cantidades, mi amigo me preguntó si la había probado alguna vez, cosa
que me dio algo de asco, hasta que me mostró, se acarició un par de veces el
prepucio y empezó a brotar miel, pasó su dedo índice, juntó un poco y se lo metió
en la boca, como si fuera un elixir, y me dice dale boludo hace lo mismo, así
que me anime, me agarre la verga la apreté un poco hasta que salió un poco de
miel, pasé el dedo lo cargué y la probé, que linda, pensar que siempre que me
mojaba me limpiaba la mano, lo que me había estado perdiendo, y toda la miel que habíamos estado
perdiendo antes sin desnudarnos y quedó en la ropa,.
Charlábamos, nos pajeabamos, aflojábamos, íbamos a preparar tragos y siempre manteníamos las vergas bien
erectas pajeandolas de a poco, hasta que no aguantamos mas y decidimos acabar; nos tiramos para atrás
en el sillón cómodos aceleramos e hicimos saltar toda la leche en nuestras panzas, no parábamos de
sacar leche, que placer que coordinación, ese fue el comienzo de nuestra revolución,
con el tiempo la fuimos mejorando, fuimos intercambiando técnicas y aprendiendo
a pajearlas bien, y mientras nos pajeabamos escribir relatos sin dejar de pajearnos, pero esa, esa es otra historia..
“Toda paja comienza con un buen
baño previo”.


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